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02 de marzo de 2016
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Sintra, una sorpresa a pocos kilómetros de Lisboa

Siempre me pregunto por qué algunos lugares que visitamos nos sorprenden mucho y otros, no tanto. Y la respuesta casi siempre es la misma. Cuando menos expectativa tenemos o cuando no sabemos con qué nos vamos a encontrar, la sorpresa suele ser mayor.
Sintra, una sorpresa a pocos kilómetros de Lisboa
Sintra - Portugal

Por Aldana Chiodi
Llegar a la ciudad de Sintra con muy poca información y casi sin haber mirado fotos hizo que el encuentro entre ella y yo sea realmente increíble. Nunca me imaginé que a menos de 30 kilómetros de Lisboa podía encontrarme con palacios pintados de vivos colores, capillas escondidas en el bosque, jardines que podrían ser el escenario de las nuevas aventuras de Alicia en el país de las maravillas, pasajes subterráneos, pozos enigmáticos y un bosque denso sobre sierras bajas que rodean a la ciudad. Un ambiente que la monarquía lusa eligió para escaparse de los calurosos veranos lisboetas.Sintra
Desde Lisboa se puede llegar en tren (unos 45-50 minutos) o en auto (una media hora). Apenas lleguemos, la ciudad, declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1995, nos sorprenderá con un pequeño centro con servicios para el turista, callecitas empinadas cubiertas por adoquines, casas tradicionales para degustar los travesseiros (masitas de hojaldre con pasta de almendra) y el Palacio Nacional de Sintra. Si bien no es el edificio más visitado, sus dos chimeneas blancas y cónicas se transformaron en símbolo de la ciudad y hoy están presentes en los souvenirs y son visibles desde varios kilómetros alrededor.
Este palacio tiene la particularidad de que cada una de sus partes es muy diferente a las otras, pero logra mantener una llamativa unidad que lo coloca como un ejemplo de arquitectura orgánica.
Pero las principales atracciones de la ciudad no se ubican en el centro, sino en sus alrededores. Recorrerlas en un día de manera completa es casi una tarea imposible, por eso, como la mayoría de los visitantes llega solo por un día, prefiere detenerse en sus dos construcciones más llamativas: el Palacio de Pena y la Quinta de Regaleira.
El Palacio de Pena es un palacio diferente a los que uno acostumbra a ver en Europa. Este palacio tiene colores vivos (rojo, amarillo y azul), cúpulas extrañas, garitas de varias formas, decoración morisca y una mezcla de estilos pocas veces vista. Los expertos lo consideran la máxima expresión del romanticismo del siglo XIX en Portugal. Para mí fue el descubrimiento arquitectónico más lindo y llamativo del país. El palacio se ubica sobre una de las sierras y para llegar se puede tomar un bus o recorrer el empinado camino a través del bosque. Una vez arriba, todo esfuerzo habrá valido la pena. Recorrer sus salas, admirar sus detalles y sentarse en alguna de sus terrazas para mirar el paisaje son actividades muy recomendadas.
El palacio se construyó sobre las ruinas de un antiguo monasterio jerónimo y fue el lugar de residencia de la monarquía portuguesa durante parte del siglo XIX. Los últimos reyes que lo habitaron fueron Pedro V, Luis I, Carlos I y Manuel II.
Alrededor del palacio se extiende un parque de ochenta y cinco hectáreas que también puede recorrerse a través de senderos señalizados. En el camino zigzagueante nos cruzaremos con miradores, capillas, lagos interconectados, jardines, puentes, arroyos y un corral con animales.
La Quinta de Regaleira era la residencia de veraneo de la familia Carvalho Monteiro, que fue concebida con un estilo neomanuelino de exuberante decoración. Este hombre era licenciado en leyes, bibliófilo y coleccionista. Apenas adquirió este espacio quiso otorgarle una impronta personal y distinta a todo lo conocido. Para volcar en el lugar todas sus ideas relacionadas con el cosmos, la masonería, los templarios y la mitología recurrió a la ayuda del arquitecto y escenógrafo italiano Luigi Manini. Juntos crearon un lugar encantado que perfectamente podría haber sido el escenario de “Alicia en el País de las Maravillas”.
La Quinta de Regaleira es un extenso jardín, que con sus elementos decorativos y lugares misteriosos pretende representar la vida, la muerte y el universo. Al caminar por sus senderos es posible ver imágenes de animales mitológicos, azulejos con distintas cruces, torres que sobresalen entre la maleza, pequeñas cascadas, jardines ocultos, cuevas y túneles subterráneos, lagunas con piedras “flotantes” para atravesarlas y hasta un pozo llamado iniciático. Este último es un pozo invertido que se hunde 17 metros, cuya simbología hace referencia a la Divina Comedia de Dante. Se lo conoce como “iniciático” porque allí se realizaban rituales masónicos de iniciación.
En una de las esquinas de este enigmático predio se encuentra el Palacio de Regaleira. Una construcción con estilo neogótico, de tres pisos y dos subsuelos, repleta de detalles naturalistas y fantásticos.
En el mismo circuito se encuentran el Convento de los Capuchinos, el Castillo de los Moros y el Palacio de Monserrat. Todos unidos por líneas de buses o senderos empinados.
El Convento de los Capuchinos, también llamado Convento de Santa Cruz de la Sierra de Sintra, fue construido en 1560. Su construcción es muy sencilla, con materiales básicos que responden a los ideales de fraternidad y hermandad universal de los padres franciscanos que lo habitaban.
El Castillos de los Moros (o Castillo de Sintra) está edificado sobre la construcción más antigua de la zona, que data de las poblaciones musulmanas que ocuparon la península ibérica. En ese momento, funcionaba como atalaya para controlar la costa atlántica, ya que desde allí se tienen las mejores vistas de toda la zona.
El Palacio de Monserrat fue transformado en 1856 como palacete de veraneo de la familia Cook, ciudadanos ingleses que tuvieron mucho éxito en la industria textil. El palacio fue construido sobre las ruinas de una mansión neo-gótica que pertenecía a otro comerciante inglés. En la actualidad constituye un singular ejemplo del eclecticismo del siglo XIX y se destacan su torre circular y sus cúpulas bulbosas.
Conocer la ciudad de Sintra y sus alrededores es una muy buena opción para realizar una escapada desde Lisboa. Si tienen la posibilidad de hacerlo en dos días podrán disfrutar de la tranquila noche en el casco histórico y descubrir más detalles que en una visita “relámpago”. Cuando lleguen, les recomiendo ir a la oficina de información turística que se ubica frente a la estación de trenes. Allí pueden encontrar mapas y datos actualizados sobre los buses que llegan a cada atracción y el precio de las entradas. Esto último varía entre los 8 y los 14 euros. Se puede sacar un pase que incluye varios de los monumentos. Con el ticket de cada monumento se entrega un mapa ilustrado muy útil e ideal para guardar de recuerdo.
Más información en www.visitportugal.com


 
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