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26 de agosto de 2016
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Qué hacer y ver en Bolonia

Bolonia es la capital de Emilia Romania y una de las ciudades más lindas del norte de Italia. Se la conoce como la docta, la gorda y la roja. Los invitamos a conocer algunas de las cosas que pueden hacer y ver en esta ciudad.
Qué hacer y ver en Bolonia

Por Aldana Chiodi
- Comer
Si bien Italia se caracteriza por la buena comida, la región de Emilia Romania sobresale y tiene más de 140 productos de denominación de origen. Y, como era de esperar, su capital concentra cientos de lugares para degustar esas delicias. Por eso, entre los epítetos de la ciudad se encuentra el de “gorda”. En Bolonia hay que relajarse y disfrutar de una de las actividades más lindas de los viajes: comer. Entre las especialidades no dejen de probar los tagliatelle, los tortellini, la salsa de ragú y la mortadela de Bolonia.
Muy cerca de la Plaza Maggiore se encuentra la zona conocida como “El Cuadrilátero” donde se puede disfrutar de toda la comida tradicional en bares, restaurantes y puestos callejeros y dar un paseo entre los puestos del mercado con frutas y verduras frescas. Los nombres de los callejones de esta zona hacen referencia a los antiguos gremios profesionales.
- Subir los 498 escalones de la torre
Entre los siglos XII y XIII se construyeron en el centro histórico de la ciudad más de cien torres, pero en la actualidad quedan unas veinte. De esas, las llamadas “dos torres”, la Asinelli y la Garisenda, se convirtieron en uno de los símbolos de la ciudad y aparecen en varios de los sourvenirs que se ofrecen en los comercios. Las torres eran construidas por las familias nobles, quienes las levantaban al lado de sus casas y las usaban como avistamiento y defensa.
La única que se puede visitar es la Asinelli en la que, después de subir 498 escalones, el esfuerzo se ve recompensado por las hermosas vistas que se tienen de la ciudad.
- Recorrer la Plaza Maggiore y sus palacios
La plaza Maggiore es el centro de la ciudad y se encuentra rodeada por los edificios del poder político y religioso. La plaza es muy amplia y ella se celebraban los torneos de caballeros y se ofrecían fiestas públicas. En la actualidad, todos los veranos se organizan espectáculos culturales y artísticos. Sin alejarnos mucho podemos conocer el Palacio Podestá, desde donde se proclamaban las leyes y las sentencias; el Palacio Re Enzo, que se utilizó como prisión; el Palacio del Comune, con la torre del reloj; el Palacio dei Notai, perteneciente al gremio de los notarios que tuvieron una gran influencia en la Edad Media; el Palacio dei Banchi, cuyo nombre se debe a los banqueros y cambiadores de divisas que ocupaban los locales donde hoy hay tiendas comerciales; y la imponente basílica de Don Petronio, a la que recomendamos ingresar y observar todos sus detalles.
Entre el Palacio del Comune y el Palacio del Podestá se encuentra la plaza y fuente de Neptuno. Uno de los lugares elegidos por los viajeros para descansar y reponer energías en la caminata diaria.
 Cubrirse del sol y la lluvia en un paseo por los pórticos
A los adjetivos comunes que se le asignan a la ciudad, habría que agregar el que Bolonia es la ciudad de los pórticos. Los pórticos surgieron durante la baja Edad Media por la costumbre de “alargar” hacia el exterior el piso de la primera planta y así ampliar el espacio interior. A partir de la fundación de la universidad de Boloña en 1088, la ciudad recibía cada vez más población y las casas necesitaban más espacio. Ese saliente se sostenía con vigas de madera apoyadas en piedras. Al principio se consideró un abuso y una usurpación del espacio público, pero después fue regulado por el ayuntamiento quien estableció un uso público del pórtico, aunque estuviera en un lugar privado.
Los 53 km de pórticos que tiene la ciudad son un aire fresco en los meses de verano y brindan protección durante las lluvias. No solo los visitantes, sino también los boloñeses, salen a caminar por el centro histórico sin necesidad de llevar paraguas ni cubrirse la cabeza. Por eso, una muy buena idea para conocer las iglesias, palacios y rincones de esta hermosa ciudad es dejarse llevar por el recorrido de los pórticos. A través de este recorrido descubriremos que algunos son muy sencillos y de colores pasteles, como los que se encuentran en la vía Castiglione, con tonos rojos y anaranjados, o los que aparecen en el antiguo barrio judío, cerca de la calle dell´Inferno. Otros presentan pinturas decorativas en las arcadas y techos, como los de la vía Farini; algunos son más espaciosos y altos, como los de la Avenida Independenza, mientras que otros cuentan con llamativas esculturas, como el porticado del Palacio Bolognini Amorini, en la Piazza Santo Stefano.
- Admirar la colección de blasones en el Archigimnasio
En uno de los pórticos más conocidos y visitados de la ciudad, el de Pavaglione, con 139 metros de largo, se encuentra el Archigimnasio, donde funcionó la primera sede de la Universidad de Bolonia. Además de visitar todas sus instalaciones, vale la pena detenerse a observar la colección de más de 7.000 blasones que decoran sus paredes y techos.
- Descubrir la Bolonia subterránea
En la edad moderna, Bolonia fue sede de la producción industrial de seda. Para que funcionaran los molinos se utilizaba un sistema hidráulico a través de una red de canales. Cuando el agua corriente no llegaba a las casas, el agua de los canales era también utilizada para el desarrollo de la vida cotidiana en la ciudad.
Casi todo lo relacionado con la producción de seda ya no existe, pero todavía se conserva la red de canales y, en los últimos años, hubo un interés turístico en reconocer y mostrar esa Bolonia subterránea. Por eso, se pueden conocer algunos de los canales, sobre todo los que se encuentran cerca del antiguo barrio judío. Les recomendamos acercarse al puesto de información turística para que les indiquen con mayor exactitud cuáles son las zonas habilitadas en la época en que visiten la ciudad.
Bolonia es una ciudad para caminarla. A cada paso encontraremos algún palacio, alguna plaza, alguna iglesia, algún museo o algún comercio en el que valga la pena detenerse. Háganle caso a sus instintos y no dejen de parar para conocer todo lo que les llame la atención. Disfruten de la ciudad roja. 


 
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