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11 de junio de 2014
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Palenque, entre la selva de las tierras bajas mayas

En el estado mexicano de Chiapas, uno de los clásicos sitios arqueológicos del mundo maya es la referencia obligada para cualquier viajero interesado en esta fascinante civilización
Palenque, entre la selva de las tierras bajas mayas
Tumba de Pakal

Por Ignacio Stábile
Desde hace varias décadas, Palenque se ha convertido en uno de los yacimientos arqueológicos ineludibles para cualquier viajero interesado en la cultura maya. Está considerado uno de los principales sitios de investigación sobre la historia, la epigrafía y la iconografía de ésta civilización.
En 1981 se lo convirtió en Parque Nacional y desde 1987, está catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.
Esta antigua ciudad ya había sido documentada por los españoles en el siglo XVIII, entre quienes se comenzó a utilizar el término “palenque” para referirse a una fortificación divisada, aunque su nombre original sería, según estudios recientes, Lakam Ha, que significa “agua grande”.
Ya en el siglo XIX, diversos exploradores y especialistas comenzaron a interesarse por el yacimiento, en aquel entonces cubierto casi en su totalidad por la vegetación, lo cual afectó varias de sus estructuras, aunque al mismo tiempo también las preservó. En este estado, fue retratada Palenque (como también otros sitios mayas) en las famosas litografías de Frederick Catherwood.
Luego llegarían las exploraciones del arqueólogo inglés Alfred Maudslay y, durante el siglo XX, la restauración de buena parte del área ceremonial central, junto al gran descubrimiento del arqueólogo franco mexicano Alberto Ruz Lhuillier en 1952: la tumba del gobernante Janaab Pakal.
Uno de los mayores atractivos para aquellos visitantes que se acercan a la zona arqueológica de Palenque, es divisar los principales edificios que conforman el área central del mismo, envueltos por la bruma de la mañana. La espesa vegetación selvática, los ruidos de los pájaros y los primeros rayos de sol que se filtran por las copas de los árboles completan el inolvidable panorama.
Se recomienda visitar el área arqueológica temprano si se viaja en el verano, ya que el calor y la humedad pueden resultar agobiantes durante buena parte del día.
A pocos kilómetros, dos alternativas posee el viajero: hospedarse en el pequeño pueblo Palenque, con hoteles de buena categoría, así como también varias opciones de restauración, a menos de 10 kilómetros o, si se prefiere una atmósfera más informal y animada, en El Panchán, una reserva natural con cabañas y música en vivo por las noches, creada para preservar la biodiversidad que ofrece esta zona de las tierras bajas de Chiapas.
Entre las principales estructuras que conforman el sitio y que están separadas por pocos pasos se destaca el famoso Templo de las Inscripciones, el mausoleo del rey Janaab Pakal, en forma de pirámide escalonada. El nombre se debe a unos tableros con inscripciones que se encuentran dentro del templo, que además alberga la cámara mortuoria donde se encontró el sarcófago que contenía los restos del gobernante, uno de los principales hallazgos en la historia de la arqueología mesoamericana.
La lápida que cubría el sarcófago tiene como principal motivo una representación de Pakal en el momento de su muerte, descendiendo al inframundo a través de una ceiba (árbol representativo de la cosmovisión maya, que puede verse dentro del área arqueológica). El sarcófago y la lápida pueden verse (en forma de reproducción) en el Museo de Sitio que se encuentra unos metros antes del ingreso principal a la ciudadela, junto a gran cantidad de objetos extraídos de la tumba de Pakal y de otras excavaciones en el área. También se ofrece mediante maquetas, imágenes y varias estelas una acabada explicación sobre la historia del lugar.
Para su preservación, desde hace algunos años el ingreso al Templo de las Inscripciones ha quedado restringido al turismo.
Sí pueden ser recorridos el Palacio, nombre con el que se conoce a una importante plataforma que contiene una gran cantidad de cámaras y patios interconectados. Varias esculturas y bajorrelieves pueden observarse en esta estructura, característica por su torre de cuatro cuerpos.
Otro importante complejo lo forman el denominado “conjunto de las cruces”, tres pequeños templos que representan la entronización mítica de Janaab Pakal. La referencia de la cruz se debe a la forma que presenta el árbol sagrado de la ceiba en los relieves.
No solo se puede conocer parte de la historia maya en este sitio. La explosiva naturaleza rodea toda el área y en los calurosos veranos, una buena alternativa es acercarse a las cascadas que forma, en la parte inferior del sitio, el río Otulum, que corre a través de un acueducto por el área central del sitio y constituye uno de los grandes avances técnicos realizados por los mayas.
Además, durante todo el día, el visitante no dejará de escuchar el cantar de los pájaros y, si visita alguna de las estructuras desperdigadas en torno al área principal, pero que no son tan frecuentadas por los turistas, puede hasta llegar a divisar algún mono aullador.
Los prodigios de la cultura maya, diseminados principalmente por el sur de México, la península de Yucatán, Guatemala y Honduras, tienen en Palenque un pequeño pero gran exponente de ese inabarcable mundo que, hasta el día de hoy, busca seguir escribiendo su historia.


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