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09 de marzo de 2009
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Legado medieval

La capital de la provincia de Flandes, en Bélgica, es una de las más bellas ciudades de Europa por su encanto particular, sus canales y la ilusión de que allí el tiempo se detuvo.

Los edificios, que parecen salidos de un cuento de hadas, se multiplican frente a los canales de Brujas (Copyright (c) of the Flanders Tourist Office NYC/USA). Clickear para agrandar la fotoA 90 kilómetros de Bruselas se encuentra la histórica y mágica ciudad de Brujas, famosa por sus antiguas fábricas de encaje y el comercio de lana en los siglos XIII y XIV.

El esplendor del comercio de la urbe se dio gracias a su puerto y posibilitó que grandes y fastuosas construcciones aparecieran a cada cuadra. Pero la época del superávit se acabó cuando la costa se fue alejando de la ciudad; bancos de arena y fango cortaron el acceso al mar y los canales no sirvieron más que para tráfico fluvial pequeño. Así, Brujas permaneció como una ciudad dedicada a las artesanías, la lana, el arte y la orfebrería.

La tranquilidad que se respira en esta ciudad es un complemento perfecto a su activa vida cultural y artística, además de una amplia oferta turística y gastronómica.

Imán para los turistas que buscan conocer pequeñas y tranquilas urbes llenas de belleza natural y arquitectónica, la ciudad vieja y su centro histórico fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en el año 2000. Este centro mantiene intactas todas las estructuras y los tesoros arquitectónicos medievales, rodeados por los canales de aguas verdes que parecen sacados de un cuadro.

La ciudad es especial para recorrerla caminando o en bicicleta, ya que así se puede recoger mucho más de su espíritu. El tráfico, por lo general, se corta para privilegiar a los peatones y para preservar el centro histórico del efecto nocivo de los vehículos.

Los barcos son otra opción para surcar Brujas: excursiones de menos de una hora, a las que se puede acceder a muy bajo precio, dan otro ángulo de la ciudad.

Los típicos canales europeos serpentean la ciudad de punta a punta. (Copyright (c) of the Flanders Tourist Office NYC/USA). Clickear para agrandar la imagen.Durante toda la semana, en distintos rincones, se despliegan grandes mercados callejeros donde se puede comprar comida, pescados, chocolates y hasta los tradicionales productos locales, hechos en lana, encaje o bordados. Los mercados de pulgas funcionan sólo los fines de semana y son los lugares especiales para encontrar reliquias o antigüedades a bajo precio.

Por supuesto, nadie puede irse de Bélgica sin probar una de sus tradicionales cervezas, famosas en el mundo. La ciudad se caracteriza por tener varios restaurantes que funcionan en edificios históricos, donde se puede conocer la cultura disfrutando tanto de la buena comida como de amplias cartas de cervezas, que llegan a tener 200 variedades.

El Palacio provincial y la Plaza Mayor, con la estatua de dos héroes locales, son dos de los puntos más importantes a los que no se puede dejar de ir. Construida en el siglo XII, la Basílica de la Santa Sangre atesora la reliquia de la sangre de Jesús.

¿Un paseo diferente? El Centro y Escuela de Encaje permite, además de conocer sus tesoros y reliquias en un paseo por su museo, aprender a hacer encaje.

Paisaje, sabores, historia… todo se conjuga en este lugar que, sin duda, merece una visita.


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Más información:
www.brugge.be

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