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20 de agosto de 2014
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Isla de Møn, un lugar para el verano y la bicicleta

El saludable y elevado punto de vista que disfruta el ciclista es la mejor manera de conocer la pequeña isla danesa de Møn, a orillas del mar Báltico.
Isla de Møn, un lugar para el verano y la bicicleta
Harbole - Isla de Møn - Dinamarca

Texto y fotos :Armando Cerra
Queda claro que lo más reconocible de Dinamarca no es la isla de Møn. De hecho es muy posible que el lector de estas líneas esté buscando ya un mapa para ubicarla al sureste del país y rodeada por las aguas del Báltico. Sin embargo, la visita a este rincón danés permite conocer unos lugares donde se descubren algunas de las esencias de los paisajes y los habitantes de este reino del norte de Europa.Isla de Mon - Dinamarca
No obstante, antes de emprender el viaje es muy recomendable elegir bien la época en la que llegar. Lo ideal es hacerlo bien avanzada la primavera o en los meses de verano, momentos en los que el clima es más benigno y las horas de luz se alargan enormemente. Tanto que a finales de junio, apenas unos instantes separan el ocaso del amanecer.
También es importante realizar dos tareas antes del desplazamiento. Una de ellas es retomar un poquito el inglés, porque prácticamente todo el mundo controla allí ese idioma, mientras que la lengua danesa puede convertirse en un jeroglífico para los latinos, viendo en cualquier letrero incluso letras inexistentes para nosotros y como muestra la propia denominación de la isla: Møn.
En segundo lugar, hay que animarse a recuperar la forma física y pedalear. Porque el mejor modo de recorrer la isla es en bici. La abundancia de daneses dando pedales y el suave paisaje de esta zona invitan a hacerlo así. Recorrer las llanuras de Møn, asomarse a sus acantilados, circular entre los campos de labor en los que de pronto se descubren monumentos funerarios prehistóricos, o dar pedales a la sombra de los hayedos a orillas del mar, es el mejor modo de respirar la atmósfera de estos lugares.
Mon DinamarcaEso sí, es importante agenciarse un mapa detallado de la isla, porque es un verdadero laberinto de caminos que llegan hasta todas las granjas desperdigadas por la planicie. No obstante, también es una buena opción perderse por esos caminos. Con suerte uno se topa con playas para descansar y tomar el sol, ya que el baño en estas frías aguas sólo es apto para los más intrépidos.  Pero si alguien se atreve, el mejor lugar para bañarse se encuentra al norte, en la punta de Ulvshale.
También es posible que durante esos extravíos se llegue hasta alguna casona que nos sorprenda. Por ejemplo, en las proximidades de Harbølle uno se encuentra con una pequeña quesería artesanal, en un bucólico paisaje de pastos que sirven de alimento para el ganado.
Precisamente muy cerca de aquí se encuentra uno de los grandes atractivos monumentales de la isla de Møn. Se trata de Fanefjord Kirke, un templo rodeado por un cementerio y perfilado por su torre gótica pintada de un color blanco inmaculado. Desde la elevación que ocupa la iglesia se contempla una amplia vista del entorno con las aguas del mar a escasa distancia. Pero además, en su interior se descubre uno de los conjuntos de pinturas medievales más sorprendentes y valiosas de todo el país.
Esta iglesia junto con las de Keldby y de Elmelunde son verdaderas joyas patrimoniales de la isla de Møn. Pero no las únicas. En la otra punta de la isla se encuentra el Pabellón de Liselund, construido a finales del siglo XIX por el prefecto de la isla. Esta construcción fue todo un derroche de amor hacia su esposa, Lise, y también un verdadero atrevimiento constructivo que reúne en sus jardines y en el palacio influencias estéticas de toda Europa, e incluso de China, como se manifiesta en el pabellón de té.
MonSin embargo, si las piernas todavía aguantan las pedaladas y el vértigo no nos atenaza, aún queda por ver una de las grandes perlas de la isla. Los acantilados de Møn Klint. Un lugar donde los milenios y la erosión han creado unos paredones blanquecinos que llegan a elevarse más de 100 metros sobre el mar.
En definitiva, playas, bosques, campos de labranza, acantilados, iglesias, palacios, aldeas y granjas, todos ellos lugares dignos de fotografiar. Ya que la cámara es indispensable en la mochila del ciclista, tanto como el chubasquero. Pero aunque se hagan fotos y uno se encandile con esos paisajes, lo más interesante tal vez sea el contacto con los lugareños. Unas gentes que bajo una aparente sequedad inicial siempre tratarán al viajero con una amabilidad exquisita.


Ver Isla de Møn en un mapa ampliado
 
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