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08 de junio de 2016
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Acantilados de Moher: enigma y tradición en tierra irlandesa

Las aguas del gigante Océano Atlántico dan forma a esta belleza, que une toda la tradición natural irlandesa con el enigma de haber aportado el misterio necesario a la exitosa Harry Potter y el misterio del príncipe, penúltima película de la saga del aprendiz de hechicería.
Acantilados de Moher: enigma y tradición en tierra irlandesa
Acantilados de Moher

Por Osjanny Montero González
Ocho kilómetros de senderos verdes intensos, la bruma espesa del agua con el fuerte viento, más altas paredes de rocas negras conjugan un paisaje místico que se ha ganado el afecto de millones de visitantes, quienes no dudan en afirmar que se trata de un lugar único en toda Irlanda y, considerando que es un país bendecido por la naturaleza, el comentario deja de ser una frivolidad para convertirse en un destino seguro para nuestras próximas vacaciones.Acantilados de Moher
Ubicados en el Condado de Clare, a 75 kilómetros de la pequeña ciudad de Galway, los acantilados son una ruta de fácil acceso, a la que puede llegarse en auto propio o, mediante excursiones organizadas desde distintos puntos del país; por ejemplo, desde Dublín salen diariamente, con duraciones de dos o más días, según gustos o necesidades.
Aunque el lugar goce de una magia natural, el verdadero hechizo tuvo efecto después de la lúgubre y excitante escena en la que vemos a Harry y a su profesor, Dumbledore, cazando horrocruxes con el propósito de obtener la anhelada victoria sobre el temido “innombrable”. Esas gigantes, anochecidas y amenazantes rocas que cobijaban el mar agitado eran los Acantilados de Moher.
La tecnología digital aplicada al cine quedó en desventaja ante este escenario real, en el que los actores no tuvieron que imaginar (o asustarse) frente a un fondo verde o azul, pues “la belleza de los acantilados es indescriptible”, comentó Dave Davin, productor de la película y defensor del lugar y su genialidad, al momento de construir un efecto fotográfico más real y misterioso.
En barco o a pie
Acantilados de Mojer - IrlandaEscapando a los artilugios cinematográficos, recorrer los acantilados es una experiencia revitalizadora, que para nosotros es posible hacer a pie o en barco. Cada alternativa tiene un precio mínimo, que ronda los 10 euros, y que también varía según tiempos, personal especializado y paradas específicas.
Si te gusta aventurarte sobre el oleaje, debes acercarte hasta Doolin, la aldea más cercana a los acantilados y desde donde parten los barcos con destino a Moher. El recorrido se extiende por más de una hora, con paradas permanentes en la roca Great Raven, hábitat preferido de aves, focas y otras especies.  Si corres con suerte, puede que llueva y la neblina cubra todo, también puede saltar algún delfín y hacer del momento una verdadera escena de película.
Para quienes disfruten de largas caminatas, la única alternativa es llegar al Centro de Visitantes o entrada al parque, ubicada a siete kilómetros desde Doolin, y allí disfrutar de una exposición gráfica sobre la diversidad de animales, ecosistemas y detalles geográficos del lugar, que sirven de preámbulo para los ocho kilómetros de senderos libres, desde los que podrás apreciar y escuchar el rugido del agua batirse contra las rocas.
Nuestra única recomendación es ir preparados para los cambios drásticos de temperatura, no en vano la mayoría de visitantes bromean con aquello del paso instantáneo de la tormenta al cálido sol al regresar de Irlanda. Llevar un abrigo de más, será una verdadera ventaja.
Torre de O’Brien
Sabemos que ocho kilómetros pueden tomarte unas cuantas horas y que sumado al viento frío, las ganas pueden debilitarse pero, aún así no te vayas sin conocer la torreAcantilados de moher - Irlanda O’Brien, el hito más alto de los acantilados y punto panorámico más importante del recorrido. Construida por Cornelius O’Brien, terrateniente y representante del Parlamento británico, en el siglo XIX, para disfrute de sus visitas exclusivas. Hoy, es posible subir a lo alto de la torre o apreciar la inmensidad de los acantilados desde la entrada del edificio.
Otras vistas desde la torre son las islas Aran, de habla gaélica, y el faro de Lood Head, operado hasta 1991 y con la casa del farero disponible para su alquiler. Y, no es un embrujo, dormir en medio de los acantilados es posible, gracias a la iniciativa de la fundación Irish Landmark Trust.
Los precios de la casa van desde los 450 euros, por tres días, y es posible llevar tu mascota sin ningún problema. También existe la posibilidad de dormir en Doolin o Galway y celebrar el milagro de estar cerca del paraíso, tomando una buena cerveza en cualquiera de sus concurridos pubs, otro ícono de la tradición irlandesa.
Buenas alternativas como estas, justifican por qué cada vez son más los turistas que apuestan por Irlanda; ya sea por su música, por encontrar duendes en alguna de sus praderas, por su rica cerveza o por escenarios naturales como los Acantilados de Moher, lugar para viajar hacia el encuentro con el océano, la inmensidad de las rocas y por qué no, para ser parte del misterio de Potter y su lucha por el bien.


 
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