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07 de septiembre de 2012
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Gante, una ciudad de cuento

La ciudad belga de Gante es una de las más bellas del país. Un lugar donde su patrimonio y sus gentes lucen orgullosas su historia, su arte y sus tradiciones.
Gante, una ciudad de cuento
Vista del Graslei o muelle de Hierbas. Foto gentileza de Mónica Grimal
Texto : Armadno Cerra - Fotos: Mónica Grimal
En español se definen como homónimos a las palabras que teniendo diferentes orígenes, poseen distintos significados pero idéntica forma. Abundan los ejemplos, pero la palabra que aquí interesa es flamenco. Así se denomina al típico baile hispano, a una elegante ave de los humedales, y también flamenco es todo lo natural de la región de Flandes, territorio que junto a la ciudad de Bruselas y la región de Valonia conforman la extensión de Bélgica.
Los emblemas de la cultura de Flandes son su idioma, su histórica industria textil y su arte. De todo ello hay cumplida muestra en la bellísima ciudad de Gante.Puente de San Miguel sobre el río Escalda
De hecho, en Gante es difícil leer letreros en francés (la otra lengua hablada en Bélgica). Todo está en flamenco, una variedad del idioma de sus vecinos holandeses. En cuanto a la industria textil, son afamados desde hace siglos en el mundo entero los paños de Flandes, muchos originados en esta ciudad, la cual gozó de su máximo apogeo al tiempo que sus tejedores alcanzaban renombre y riqueza.
Y por último, el arte flamenco. Un arte cuya máxima expresión se alcanzó en la pintura desde el siglo XIV y hasta el XVI, momento en el que su estilo competía con los grandes maestros del Renacimiento italiano, si bien las características de una y otra pintura eran bien distintas.
Para definir la pintura flamenca, es imprescindible recurrir a dos adjetivos, aparentemente contradictorios: fuerza y delicadeza. Por un lado el arte flamenco irradia poderío gracias a su brillante colorido, pero al mismo tiempo son obras de arte en la que se plasma con minuciosidad hasta el detalle más insignificante.
Pues bien, con esas mismas palabras: fuerza y delicadeza, se puede definir a la propia ciudad de Gante.
El poderío lo aporta su larga historia, repleta de episodios violentos, lo cual ha dejado una impronta vigorosa en sus calles. Las más claras manifestaciones de esa energía son las tres torres que dominan la silueta de la ciudad antigua: el gran campanario de la Catedral de San Bavón, la vecina Atalaya o Belfort y la torre de la iglesia de San Nicolás.
Pero también la fuerza de la ciudad se ve en los dos castillos integrados en el corazón del casco antiguo. Uno de ellos se refleja en las aguas del río Escalda, el castillo de Gerardo el Diablo, y el otro, de mayor tamaño, es el castillo de los Condes de Flandes, mandado construir por Balduino Brazo de Hierro. El nombre de estos personajes da una idea de su fuerte carácter.
Pero si esos monumentos aportan el aspecto más enérgico, por otro lado está ese amor por lo delicado y elegante. Basta con un breve paseo por sus calles para comprobarlo de forma inmediata. En cualquier fachada histórica se apreciará algún motivo digno de ser fotografiado: un pequeño relieve, una maceta, un viejo cartel, un escudo heráldico, etc.Atalaya o Torre de Belfort
Aunque sin duda, el mejor modo de disfrutar del entorno urbano, es mirarlo desde una perspectiva más baja, prácticamente a ras del agua de los ríos Escalda y Leie que recorren la ciudad, convertidos en sus avenidas principales. Por ellos circulan barcos turísticos que aportan una visión preciosa de la ciudad, especialmente de sus calles más encantadoras, que en realidad fueron antiguos muelles de carga de mercancías. Se trata del Graslei o muelle de las Hierbas, y el Korenlei o muelle de los Graneros.
Embarcados se aprecia la serena belleza de antiguas casonas que todavía conservan el nombre de los gremios que las construyeron: la Casa de los Barqueros, de los Medidores de Grano, de los Albañiles o la del Recaudador de Tributos, edificios cuyos orígenes se remontan a los siglos XV, XVI ó XVIII.
Estos edificios u otros como el Palacio de Coninck, el puente de San Miguel o los viejos mercados de tejidos o de pescado, conservan íntegramente el esplendor de su historia y las huellas del paso del tiempo. Con idéntica fuerza y delicadeza a la que aplicaron sus constructores, los habitantes actuales de Gante se han esmerado en salvaguardarlos con toda su belleza, haciendo que todo el conjunto forme una verdadera ciudad de cuento.
Si has estado alguna vez en esta ciudad, comparte tus experiencias y consejos con otros lectores en nuestra sección de Relatos de Viajeros


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