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28 de agosto de 2015
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El Shincal: la huella inca en Catamarca

Considerado uno de los sitios incaicos más importantes en Argentina, la antigua ciudadela atrae por su avanzado esta de restauración y conservación, en un marco natural destacado.
El Shincal: la huella inca en Catamarca
Shincal Catamarca Argentina

Por Ignacio Stábile
Pensar en el noroeste argentino prehispánico posiblemente nos lleve a recrear las imágenes del pucará de Tilcara, las ruinas de los Quilmes, el pucará del Aconquija, junto a una amplia cantidad de antiguos lugares que atestiguan un pasado de notable desarrollo en tiempos previos a la colonia.
Probablemente menos promocionado que los anteriores yacimientos, El Shincal de Quimivil resulta una visita más que recomendable para quienes estén recorriendo el departamento de Belén, en la provincia de Catamarca.
Se encuentra a escasos 6 kilómetros de la localidad de Londres, este curioso pueblo fundado en 1558 por Juan Pérez de Zurita, en homenaje a la ciudad natal de María Túdor, esposa del rey Felipe II de España. Dicho año convierte a Londres en uno de los primeros sitios fundados por españoles en el territorio de la actual Argentina.
El Shincal puede visitarse de manera cómoda para quienes visiten tanto Londres (que cuenta con unas pocas pero muy aceptables opciones de alojamiento) como Belén, la cabecera del departamento homónimo. En ésta última localidad, los viajeros encontrarán una oferta algo más amplia, tanto de hotelería como de gastronomía.
Un poco de historia
Previo a la llegada de los incas al actual territorio catamarqueño, ocupaba el mismo el pueblo diaguita, el cual había desarrollado la agricultura, la industria textil, la cerámica utilitaria y ceremonial y la metalurgia del bronce, prácticas complejas que lo diferenciaban de otras comunidades aborígenes que poblaban la actual geografía argentina.
La vida de este y otros pueblos cambió con la llegada de los incas durante el gobierno de Tupak Yupanqui y el aspecto sobresaliente fue la instalación de la civilización urbana con todos sus caracteres propios en la arquitectura y en la organización político – institucional. Las ciudades fueron erigidas en la ruta de penetración y para resolver su comunicación con la sede imperial, los incas construyeron un camino de piedra, el capaq ñam (conocido como Camino del Inca), jalonado por tambos o postas, que fueron utilizados por los chasquis o mensajeros reales y las caravanas que transportaban tributos en metálico o especies productivas para la administración del imperio. En lugares estratégicos se construyeron fortalezas o pucarás, vastos recintos realizados en piedra con murallas defensivas en cuyo interior se agrupaban viviendas y corrales. Su función era, entre otras, frenar a los pueblos de la llanura chaqueña: chiriguanos y lules.
Según el arqueólogo Rodolfo Raffino, se han encontrado restos de al menos 50 estructuras edilicias, calculando una población de casi 1000 habitantes. Si se tiene en cuenta que solo la dirigencia y la elite inca podía acceder al Shincal, la población total junto a los alrededores rurales podría llegar a ser el triple de esa cifra.
Con la llegada de los españoles, el lugar fue ocupado por los mismos y fue uno de los escenarios de los levantamientos calchaquíes, siendo uno de sus líderes, Chalimín, ejecutado en la plaza central del sitio.
El Shincal en la actualidad
Gracias al gran aporte del Dr. Raffino, quien comenzó a trabajar en el lugar a principios de la década de 1980 y llevó adelante importantes estudios académicos, conocemos buena parte de la funcionalidad del sitio.
Al ingresar al parque, el visitante podrá tener un primer panorama visitando el museo de sitio, de reciente realización, en el cual se conserva un importante acervo cultural encontrado en diferentes excavaciones.
El nombre del sitio de debe al shinqui, una mata espinosa que cubría el lugar cuando comenzaron las excavaciones y relevamientos de la ciudadela. Durante el recorrido, a través de caminos señalizados, los visitantes pueden conocer, además de la historia política y social del Shincal, la flora presente en el lugar.
Se encuentra a una altura de 1240 metros sobre el nivel del mar, a poca distancia del río Quimivil, el cual servía como fuente de aprovisionamiento hídrico a través de un acueducto construido especialmente para dicho fin. Posee una superficie de 21 hectáreas de las 12 están ocupadas por el centro cívico, formado por construcciones de piedra, cada cual con una función específica: el ushnu, edificio emblemático de la arquitectura inca; la aukaipata o plaza; las kallankas o almacenes y el sinchihuasi o cuarteles para el alojamiento de la guarnición militar. Todas las estructuras de piedra se hallaban en buen estado de conservación gracias al shinqui, que cubría buena parte de las estructuras al momento de emprender el estudio y restauración del lugar.
Seguramente llamarán la atención del visitante dos cerros con escalinatas que protegen buena parte del lugar y que posiblemente sirvieron como sitios ceremoniales asociados a rituales agrícolas.
Las dos festividades principales eran los solsticios de invierno y de verano, vinculados con siembras y cosechas.
La religiosidad incaica quedó plasmada en todo el territorio que abarcó el Tahuantinsuyo (como se conocía en lengua quechua al imperio) y hasta el día de hoy es replicada por miles de personas en la región de los Andes centrales.
Caminar por los senderos y ascender por los cerros, viendo el amanecer o la puesta del sol en El Shincal, es una experiencia más que recomendable: los viajeros posiblemente presencien un panorama similar al que observaban los incas hace más de medio milenio.

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