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27 de septiembre de 2013
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El ascenso del sol birmano

Luego de varias décadas de violencia institucional, la actual Myanmar se posiciona como uno de los destinos más sorprendentes del sudeste asiático.
El ascenso del sol birmano
Salida del sol en Bagan

Por Ignacio Stábile
Violencia, guerra civil, proscripción, refugiados. Palabras comunes en los últimos años cuando se hablaba de Birmania, cuyo actual nombre, Myanmar, se oficializó en el año 1989 (al menos para la Unión Europea y la Organización de las Naciones Unidas), aunque la mayoría de sus habitantes se reconocen como oriundos del anterior nombre nacional o Burma, otra de las formas tradicionales al referirse a aquella.
El país es el mayor de los que integran la península del sudeste asiático, separado al este de Laos y parte de Tailandia al sur por el emblemático río Mekong y con la presencia de China al norte, como también de India y Bangladesh al oeste.Playa Ngapali
Si bien el país posee 135 grupos étnicos que hablan más de 100 idiomas distintos, el principal de ellos es el myanmar o birmano, lengua que habla la mayoría de los habitantes.
La actual situación de Myanmar y el posicionamiento cada vez mayor como destino turístico, parecen estar dejando atrás el reciente pasado turbulento.
Luego de la instauración de la República Socialista de Birmania en 1962, el gobierno militar que llevó a cabo las riendas del país a través de una política implacable contra los opositores y la población en general, sumió Birmania en un aislamiento que terminó con el denominado Levantamiento 8888 a fines de la década del ’80 que, si bien buscaba una apertura democrática en el país, terminó imponiéndose con un golpe de Estado que generó aun más conflictos, desplazamientos, torturas y asesinatos.
Ésta junta militar se disolvió en marzo del 2011, inaugurándose el esperado ciclo de estabilidad política que continúa en el presente.
La principal ciudad de Myanmar es Yangon, con más de 5 millones de habitantes y capital hasta el año 2005, cuando los militares decidieron trasladar las funciones administrativas de la misma a Naipyidó, actual sede capitalina birmana.
Desde la mayoría de los países limítrofes hay vuelos que conectan diversas ciudades con el Aeropuerto Internacional de Yangon (diariamente desde Singapur y Bangkok), la opción más tradicional y recomendable para llegar al destino.
En Yangon pueden visitarse varias de las pagodas que son, sin lugar a dudas, el símbolo del país. No por nada, a Myanmar se la reconoce como “la tierra de las pagodas”.
La religión predominante es el budismo, casi en un 90%, por lo que los techos dorados de los templos son visibles en la mayoría de las ciudades del país.
En la actualidad, la mayoría de las personas que recorren la tierra birmana tienen como preferencia la espectacular Bagan.
A una hora de distancia de la capital Yagon por vía aérea, este importante sitio arqueológico cuenta con más de 2200 pagodas distribuidas en un área total de 42 kilómetros cuadrados. Las mismas representan parte del esplendor pasado del reino de Bagan (o Pagan), cuyos primeros habitantes se asentaron en esta región en el año 849 d. C. Hoy es considerado uno de los reservorios arqueológicos más importantes de todo el continente asiático.
Buena parte de las pagodas en la actualidad están en ruinas e infructuosamente se han tratado de generar programas de conservación en el pasado reciente.
Sin embargo, esto no es impedimento para conocer y recorrer Bagan, cuyos visitantes lo hacen de diversas maneras: en globo aerostático, en bicicleta, en moto, carros tirados o simplemente a pie.
Para guardar una imagen imborrable de Myanmar, solo hace falta contemplar un amanecer en Bagan, donde los primeros rayos de sol y la bruma se encargan de lograr un paisaje único e irrepetible que se ha transformado hoy en día en la postal distintiva de la nación.
Quienes busquen descanso y ocio, las aguas del mar de Andamán bañan las costas del oeste y el sur del país. Playas de arena blanca como Ngapali y Chaung Tha, localidades que cuentan con variada infraestructura turística y con una gastronomía basada principalmente en pescado y mariscos, son buenas opciones de octubre a mayo, ya que el resto del año la costa sufre el embate de los monzones del océano Índico.
La violenta historia reciente del país es un fantasma con el cual conviven los birmanos en la actualidad, pero buscan, de todos modos, atraer a los turistas que visitan el sudeste asiático, con su amabilidad característica y con los recuerdos que se mezclan con el presente. Como señalan los historiadores birmanos Michael y Maitrii Aung – Thwin, “el futuro de Myanmar será modelado por su propio pasado, sus patrones históricos, sus propios contextos humanos y materiales, sus propias creencias. El pasado del país reside, indefectiblemente, en su presente”.


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