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17 de diciembre de 2014
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Armenia: en busca del arca del turismo

El país asiático que ha sabido de guerras, persecuciones, genocidios y regímenes varios, hoy, poco a poco va transmutando hasta convertirse en un atractivo turístico ineludible.
Armenia: en busca del arca del turismo
El Monte Ararat, símbolo de Armenia

por Rodrigo Carretero

Aunque no tenga salida al mar, aquí se busca al barco más famoso de la historia. Ya desde tiempos bíblicos, Armenia cautiva la imaginación de quienes a ella llegan. Sus raíces se pierden en los orígenes, su capital Erevan es más antigua que Roma y su gente vive aferrada a su identidad. Estas características convierten al país del Cáucaso en un atractivo turístico muy particular, ya que en él conviven 4000 años de historia, cultura, religión junto a paisajes de belleza insoslayable. Varios tipos de actividades son posibles en Armenia. Quien prefiera interiorizarse en las sapiencias y vivencias de un pueblo, sin dudas, sobreviviente, tendrá opciones de sobra para moverse por todo el territorio. Y este mismo irá ofreciendo a cada paso, su naturaleza espléndida donde practicar diversas actividades deportivas y de aventura.

Si se llega por vía aérea, Erevan recibirá a los visitantes con los brazos abiertos, lista para mostrar sus tesoros. Mínimo un par de días se recomiendan para poder llegar a conocer todo, tanto que hay. Una buena forma de empezar es visitando su edificio más emblemático, el Matenadarán, donde miles de manuscritos, piedras talladas, pergaminos, mapas y espectaculares miniaturas tratan de desentrañar los inicios del alfabeto armenio. Cercano a él se encuentran la Plaza de la República, la sede del Gobierno, la Cancillería, el Museo de Historia, y la famosa Academia de Ópera y Ballet. En las afueras se encuentra la antigua capital, Echmiadzin, cuya iglesia es considerada la catedral más antigua del mundo y es residencia del jefe de la Iglesia Apostólica Armenia.

Turismo Religioso

El armenio es un pueblo de profundas e irrenunciables convicciones religiosas. Su fe se materializa en una serie de reliquias sagradas que atesoran celosamente. En el monasterio ubicado en Echmiadzin, el “Vaticano” armenio, se resguardan los que se dicen los únicos restos del Arca de Noé que se conserva en el mundo. Una vieja cruz de madera hecha con los restos del Arca por un monje bizantino, quien peregrinó al Monte Ararat, donde  la leyenda dice que atracó Noé hace 5.000 años. Junto a la cruz, una lanza. Con ella, el centurión romana Longinus clavó el cuerpo de Cristo. Hasta aquí llegó de manos del apóstol Judas Tadeo. No terminan aquí las sorpresas, ya que según viejas tradiciones, en la iglesia de Odzún, bajo el altar se encuentra la manta del niño Jesús, traída por Santo Tomás. Nada es casualidad y no son meros sucesos aislados. Todo el país se encuentra salpicado de cruces de piedra grabadas, consideradas el símbolo cultural del pueblo armenio y obligado souvenir para el turismo, por supuesto que en su versión para la cartera de la dama o el bolsillo del caballero. Sin dudas, el atractivo turístico armenio más conocido a nivel mundial es el Monte Ararat, aunque en rigor se encuentre en el actual territorio turco. Sin embargo, quienes saben, aseguran que las mejores vistas se obtienen desde la tierra armenia. Pequeña revancha a la historia. Con sus poco mas de 5000 metros de altura convoca tanto a aventureros escaladores como a permanentes peregrinaciones y no se quedan atrás los arqueólogos. Cada uno con su afán, con su propia esperanza, con su propia búsqueda.  Para quienes no se animen a subir, desde el monasterio de Tatev, construido a finales del siglo IX, se obtienen vistas espectaculares del gran volcán extinto. Nota el pie: el conjunto religioso de Tatev bien vale la visita por sí mismo, sin importar que el día amanezca nublado impidiendo ver más allá.

Los conjuntos religiosos abundan a lo largo y ancho del país, por lo que si uno está interesado en conocer monasterios milenarios e historias que parecen salidas de los libros de la buena memoria, Armenia es el destino ideal.

Pero aquí no acaba su riqueza. Sumado al Monte Ararat, el lago Seván ofrece múltiples opciones para los amantes del eco turismo, luego de años de desastres causados por el mal uso de sus recursos. Las playas del lago son unos de los principales sitios donde concurre el turismo local y en sus aguas se practican todo tipo de deportes náuticos. Otras bellezas naturales de Armenia son las cataratas de Dzhermuk, situadas a más de 2.000 metros de altitud. Para seguir descubriendo paisajes, no hay que dejar de darse una vuelta por el cañón del río Azat con sus impresionantes murallones que caen a pico. Sitios como estos (históricos y naturales) hacen de Armenia un destino promisorio al turismo, más allá del consabido y sempiterno Ararat.  Con las dosis justas entre su compleja historia y la con gran cantidad de bellezas naturales, el potencial turístico de este pequeño país es de una dimensión semejante a los míticos tesoros aguardan ser descubiertos en cuanto el arca llegue a su propio destino.


 
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