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17 de diciembre de 2008
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Una fiesta extra small

La Feria de las Alasitas, que se realiza cada 24 de enero en Bolivia, no sólo es un viaje a un mundo en miniatura. También permite espiar los sueños y deseos de todo un país.
Una fiesta extra small

La tradicional Feria de Alasita, que se lleva a cabo en distintas ciudades de Bolivia cada 24 de enero en honor del Ekeko –una deidad personificada como un hombrecito de cachetes regordetes que siempre está cargado de miles de objetos– y se caracteriza por la venta y exposición de miniaturas, es realmente un evento anclado en la historia y el presente bolivianos.

La costumbre indica que para que los sueños se vuelvan realidad hay que colocar en el Ekeko, a modo de ofrenda, un pequeño objeto que simbolice lo que se quiere conseguir en el año entrante: dinero, amor, bienes materiales o logros personales.

Recorrer los angostos pasillos de las ferias artesanales, atestados de gente apurada por encontrar aquella miniatura que exprese sus deseos para el año venidero, provoca una mezcla de emociones que van del asombro a la sorpresa, la risa y la emoción. Siempre encontraremos algún objeto que nos arranque una sonrisa y también otros que nos harán reflexionar.

Un mundo diminuto

Cada una de las miniaturas que se puede encontrar en la feria es una réplica a escala de objetos de la vida real. El cuidado de los detalles es realmente sorprendente: la semejanza con los bienes verdaderos es total e incluso se llega a copiar diseños y marcas comerciales.

¿Qué se puede encontrar? Pues de todo. Cosas tan diversas como casas, vehículos, animales, comestibles, víveres, herramientas, instrumentos musicales, aparatos electrónicos, libros o títulos universitarios.

Los materiales empleados son también muy variados. Hay trabajos en lata, como autitos, micros, cocinitas, ollas, garrafas, refrigerados o computadoras. También se encuentran mueblecitos de madera, muñecos graciosamente pitados, trompos multicolores y otros juguetes. Abundan los elementos de cocina, como tablas, cuchillos, cucharas, sartenes y cacerolas. Se puede encontrar guitarras, quenas o charangos diminutos. En cuero se aprecian pergaminos, tambores o animalitos.

Entre los objetos más significativos e infaltables están los víveres en miniatura: bolsitas de arroz, harina y azúcar, cuyo contenido es el comestible real. Paquetitos de café, té o gelatinas. Alimentos en conservas, latas de alcohol, detergente, jabón, pasta dental y mil elementos cotidianos.

También se observan trabajos artesanales en plomo, cobre y otros metales. Las miniaturas de vidrio son otra atracción. Así como las ropitas de todos los tipos y telas, trabajos de peluche y de trapo. Tampoco faltan figuras de cerámica, chala de choclo, palitos de helado, papel o cartón.

Otro elemento importantísimo es el dinero de Alasitas. Se trata de pequeños billetes impresos con características singulares. Los hay de todo los cortes: dólares, euros y moneda nacional. Todos llevan la identificación de “Banco de la Fortuna” o “Banco de Alasitas”. Algunas ferias regionales identifican sus propias instituciones, por ejemplo: “Banco de Urkupiña” o “Banco de Copacabana”. También existen pequeñas representaciones de monedas metálicas, a veces verdaderas, fuera de circulación.

El Ekeko, el personaje central de la fiesta

Conocido como el “dios de la abundancia” o de la “fortuna”, el Ekeko es un personaje petizo, de vientre abultado, cabeza grande, cara rosada con pómulos colorados, boca grande y sonriente, bigotes ralos y ojos vivaces. Su expresión es de completa felicidad. Sus piernas son cortas y tiene los brazos abiertos para cargar los objetos más variados, siempre en abundancia.

En general, los Ekekos tienen tamaños de entre 20 y 40 cm. Se los realiza casi siempre en yeso, aunque también hay de madera, barro cocido, estaño, cobre y, ocasionalmente, de oro, plata o piedra.

Su vestimenta es de colores vivos y lleva calzado. A los Ekekos grandes se los viste con bayeta de la tierra, faja y gorro indígena. A veces, luce sombrero de ala. Y en la boca tiene un orificio donde sus devotos le colocan un cigarrillo encendido para que “fume”.

El momento ritual: la ch’alla

Para que se haga realidad las ilusiones y las esperanzan centradas en las miniaturas, es un requisito realizar la ceremonia de la ch’alla, que debe ser ejecutada por un sacerdote aymara.

La palabra aymara “ch’alla” significa “rociar”. Es la acción humana de echar o regar, sobre la tierra o bienes materiales, elementos simbólicos como un gesto de retribución y gratitud hacia la madre Tierra, la Pachamama. En general, se suele ch’allar con chicha, cerveza o vino.

Durante la Alasita, se ch’allan las miniaturas para que se hagan realidad en el futuro más cercano y para que haya abundancia y nada falte nada en los hogares.

Ni la prensa se queda afuera de la celebración

Cada año, los diarios nacionales se suman al festejo con sus propias ediciones en miniatura. El encanto especial de los periódicos dedicados al Ekeko no consiste solamente en su tamaño sino, además, en el humor y la ironía con que están pensados y realizados. Fotos trucadas, historias inventadas, titulares con rimas... parece que todo vale para agasajar al dios de la abundancia.


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Más información: www.bolivian.com/alasita

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